
Elegir tu voz cuando ya no puedas hablar: la importancia de designar un curador
Como notaria he firmado miles de escrituras en los últimos 14 años: compraventas, testamentos, capitulaciones matrimoniales, poderes, donaciones… Pero nunca imaginé que una de las más importantes que firmaría sería la mía propia: la designación de mi curador.
Y no lo hice por miedo a lo que pueda pasar, sino por algo mucho más sencillo y profundo: la tranquilidad que da saber que, si algún día no puedo tomar decisiones por mí misma, habrá alguien que conozca mis valores y mis deseos, y podrá ayudarme a mantener mi dignidad y autonomía hasta el final.
Crecí en una familia de notarios. Mi abuelo, mi padre y mi tío ejercieron la misma profesión que yo. Podría decir que me formé entre escrituras, actas y sellos, pero también aprendí desde muy joven que detrás de cada escritura hay personas, historias y decisiones difíciles.
Recuerdo especialmente a una mujer de edad avanzada que vino al despacho tras haber sufrido un ictus. Aunque aún estaba consciente, su capacidad para comunicarse era muy limitada. Su hija y su yerno discutían sobre qué hacer con ella: unos querían cuidarla en casa, otros consideraban una residencia como mejor opción. Nadie sabía realmente qué hubiera querido ella. No había ningún documento. Solo conjeturas y tensiones familiares.
Esa experiencia me llevó a tomar una decisión: redactar mi propia escritura de designación de curador. Porque si no lo hacía yo, ¿quién lo haría?
La función del curador y su designación
Desde la reforma llevada a cabo por la Ley 8/2021, el ordenamiento jurídico español ha sustituido el antiguo modelo de incapacitación por un sistema de apoyos adaptados a cada persona. Entre esas figuras se encuentra la del curador, cuyo papel es acompañar y asistir a la persona con discapacidad en la toma de decisiones, representarla cuando la persona no pueda manifestar su voluntad de ninguna forma y actuar siempre conforme a los deseos, valores y preferencias de quien recibe el apoyo.
El curador no es una figura de control, sino de apoyo. No decide por ti, sino contigo, o en tu lugar solo si no hay alternativa y con supervisión judicial. Cualquier persona mayor de edad con plena capacidad puede hacerlo mediante escritura pública ante notario. En ella, se puede:
- Designar a una o varias personas como curadores titulares y suplentes.
- Definir funciones concretas: ámbito económico, personal, sanitario…
- Establecer condiciones, límites o instrucciones sobre cómo se debe actuar.
- Excluir a determinadas personas.
Esta escritura será tenida en cuenta por el juez si, en el futuro, debe establecer medidas de apoyo y, además, puede revocarse o modificarse en cualquier momento.
Una herramienta de libertad, no de renuncia
Designar un curador no es un acto de desconfianza, es una forma consciente y valiente de proteger tu libertad futura, en caso de que algún día necesites ayuda. Desde mi doble condición de notaria y persona que ya ha dado ese paso, animo a todas las personas a informarse y considerar esta opción. Porque no hay mayor acto de autocuidado que anticiparse con lucidez a las decisiones difíciles.
Los notarios estamos a tu disposición para explicarte este proceso con detalle, ayudarte a reflexionar sobre tus opciones y acompañarte en la redacción de un documento que, créeme, dice mucho de ti y de cómo quieres vivir. Firmar una escritura puede parecer un gesto jurídico más, pero en este caso es algo más profundo: es tu voz asegurada para el futuro.
