Y a usted… ¿qué le parece, señor notario?

shutterstock_95784184Siempre digo que una de las cosas más bonitas de mi profesión es la confianza que la gente deposita en la figura del notario. Y tienen razones para confiar en nosotros: les asesoramos previamente y controlamos que la escritura cumpla con la legalidad vigente. No sólo firmamos, sino que autorizamos la escritura bajo nuestra responsabilidad. Por eso, una vez que los clientes salen de la notaría, se van tranquilos porque todo está hecho ante notario.

El asesoramiento es un aspecto clave de la función notarial, por el cual el notario no cobra absolutamente nada. Evidentemente, en el mundo jurídico cada vez más complejo en el que nos encontramos, nadie puede asesorar de y sobre todo. Nosotros asesoramos sobre las cuestiones relacionadas con nuestra función y servicios. Por eso el asesoramiento notarial es compatible con el de otros profesionales, como abogados, asesores fiscales, aseguradoras o ingenieros. Cuanto mejor esté asesorada una persona, pues mucho mejor. Y, creedme, muchas veces la gente acude a la notaría y plantea problemáticas que poco o nada tienen que ver con la actividad notarial, teniendo que remitirlo a otros profesionales.

Dicho asesoramiento notarial cobra especial relevancia en materia de testamentos. Esto se debe a que, en ocasiones, la gente otorga testamento en edades muy avanzadas y porque es una materia muy sensible. Pensad en personas cuya máxima preocupación es la de quién le va a cuidar; pensad en padres que tienen hijos con problemas de alcoholismo, drogadicción o juego y quieren dejarles un techo y medios para subsistir, pero asegurándose que no puedan malvender en perjuicio del resto de la familia; pensad en casos de maltratos o vejaciones en el hogar familiar… Como os podéis imaginar, no es fácil, ni para la persona que viene a la notaría, contar toda esa problemática, ni para el notario, el abordarla. Por eso, entre testador y notario se da una relación de absoluta confianza.

La labor del notario es, en primer lugar, escuchar; en segundo lugar, entender la voluntad para poder aconsejar y por último, dar forma jurídica a esta voluntad.

Muchas veces, cuando la escritura ya está hecha, ha sido leída y explicada, antes de firmar, los clientes me han preguntado, “y a usted… ¿qué le parece señor notario?”. Generalmente respondo que a mí no tiene que parecerme ni bien ni mal, porque yo le doy forma jurídica y legal a la voluntad expresada. Pero confieso que, en determinados casos, ante situaciones especialmente delicadas, para mayor tranquilidad del cliente, he respondido: “si a usted le parece bien, a mí también”.

Acerca de José María Rilo Nieto

Notario de Rianxo (La Coruña)

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